sábado, 26 de mayo de 2012


El período de iniciación en la Escuela Infantil
Ruth Harf

Iniciar un período escolar moviliza a la institución en su conjunto, a las familias y especialmente a los niños. Cada historia previa resultará un insumo peculiar a tener en cuenta al pensar esta primera etapa del año. Al referirnos a las historias aludimos a las institucionales, las familiares y las personales de todos los integrantes del centro educativo incluyendo a la comunidad de niños y sus familias. Ellas determinan que cada centro escolar y cada niño y grupo familiar ameriten realizar su propio período de iniciación, evitando así homogeneidades absurdas que no responden a las particularidades reales (nos referimos, por ejemplo, a la costumbre de mantener en la escuela a todos los niños por igual, una hora la primera semana, dos la segunda etc.)."


"El período de iniciación: acuerdos institucionales y áulicos"

Ya este título nos lleva a realizar una serie de apreciaciones basadas en una mirada histórica sobre el tema que tienen como finalidad el poner de manifiesto el carácter de construcción cultural de ciertas prácticas habituales escolares, con el fin de tratar de “desnaturalizarlas” a “deconstruirlas”, a fin de analizar si esta construcción cultural, que puede haber sido pertinente en su momento, al día de hoy sigue teniendo la misma importancia y valor o si se necesita una modificación o resignificación.

Se lo denominaba: “proceso de adaptación”: se consideraba como “proceso”, poniendo el acento en “procesos madurativos y sociales esperados” y de “adaptación” porque se ponía el acento en la adquisición de aquellas conductas consideradas “adaptativas” al medio escolar en el cual ingresaba el niño (responder al nombre, hacer fila, jugar con los demás chicos, etc.) y al abandono de otras, no consideradas “adaptativas” o “adaptadas” (llorar, querer irse con la madre, etc.) Incluye la variable temporal, haciendo referencia a una progresiva complejización de las adquisiciones.

El cuestionamiento a la nominación “proceso de adaptación” radica en que muchas veces se tiende a reducir el término adaptación al de un simple proceso de “conocimiento” y “ajuste” a normas preestablecidas, casi siempre de un modo pasivo, con pocas posibilidades de apropiarse de ellas de un modo transformador y activo.

En lo referido a esta primera etapa del año, hablamos de período de iniciación, ya que se puede identificar tanto un comienzo como una finalización.

Consideramos esencial poner el acento en algunas características que componen este momento tan especial en la vida de niños, padres, docentes y directivos: la necesidad de construir un sistema de códigos compartidos y también el tiempo que se necesita para esta construcción.

Hemos empleado la idea de construcción de códigos compartidos, ampliando su significado, para no quedarnos únicamente en códigos verbales:

Códigos compartidos en lo referente al uso del lenguaje: El niño llega muchas veces a la institución escolar con un sistema de códigos construidos en el ámbito familiar que no siempre es conocido por las otras personas con las que se encontrará en la escuela, referido a la nominación de personas, objetos y situaciones. A su vez, es receptor de expresiones lingüísticas que no siempre conoce y comprende. (¿Qué se quiere decir cuando se dice lo que se dice?)

Códigos compartidos referidos a los modos de actuar: En el ámbito familiar hay modalidades de acción establecidas y aceptadas, las cuales no necesariamente son conocidas o aceptadas en el nuevo ámbito escolar. Viceversa: casi desde un primer momento se esperan del niño modos de actuar que pueden no serle conocidos o habituales. (¿Cómo se hace lo que se espera que se haga aquí?)

Códigos compartidos en lo referente a las expectativas: En el contexto familiar se vive una serie de expectativas con respecto al ámbito escolar, expectativas de las cuales es vehículo el niño. También debemos considerar las expectativas que la misma institución escolar y sus integrantes tienen con respecto a ese niño y su grupo familiar. Es entonces que el niño vuelve a ser vehículo de expectativas, ahora en la dirección complementaria. Se necesita tiempo y criterios compartidos para dar a conocer y compatibilizar estas expectativas. (El proceso finaliza cuando la relación entre las expectativas y lo que pasa en la realidad, se equilibran; si no se logra el equilibrio, el Período de Iniciación puede terminar con la ida de uno de los protagonistas). Expectativas compartidas no es sinónimo de expectativas consensuadas o conciliadas (el padre puede seguir deseando que la escuela le enseñe a su hijo a ordenar el dormitorio; pero le queda claro que la escuela no lo va a hacer, y lo acepta).
Esta construcción (hablamos de construcción compartida y no de imposición unilateral) de códigos compartidos compromete a la institución escolar en su totalidad, como así también a la institución familiar en su totalidad.

El decálogo, (o “multicálogo”) del período de iniciación

Hay una serie de aspectos que no deben descuidarse, aun considerando la variedad de contextos concretos, escolares, familiares y comunitarios:

Los niños necesitan sentirse seguros, acompañados, valorados y respetados. Esto necesita de construcción; no se da naturalmente: el que nosotros sepamos que valoramos y respetamos a los niños, que estamos preparados para hacerlos sentirse seguros, aceptados y acompañados, no es sinónimo de que ellos sientan del mismo modo. Necesitan tiempo para todo ello, a partir de conocer espacios, personas, objetos y modalidades de funcionamiento. Tiempo para conocer, saber y/o convencerse de que este espacio es de él (con otros) y que las personas que lo reciben están allí para acompañarlo en este importante paso que inicia.

Característica esencial de este período: destinado a conocerse, a desarrollar la confianza recíproca, a integrarse a la vida institucional, a ir manifestando los saberes previos, a iniciarse en el trabajo grupal.

Es un período difícil también para muchos grupos familiares: decidir incorporar a sus niños a una institución educativa. (Si es Jardín Maternal o Jardín de Infantes marca diferencias importantes). De allí la importancia del diálogo con ellos y la realización de actividades como entrevistas, reuniones informativas, recorridos de espacios institucionales, actividades compartidas entre padres y niños, entre padres solos con los docentes, etc.
En lo referido al Jardín de Infantes, durante este período es importante integrar a los niños, permitir el comienzo de la constitución del grupo, estimular el establecimiento de vínculos y la adquisición de pautas de trabajo compartidas.

Las actividades que se realizan en este período y que apuntan prioritariamente al reconocimiento del espacio, la generación de vínculos entre los niños, la formación de hábitos, el conocimiento de los materiales básicos de trabajo, el manejo de los tiempos, son facilitadoras pero no necesariamente obligatorias; debemos evitar que se conviertan en esquemas de trabajo rígidos.

Actividades “recreativas” vs. actividades “educativas” propiamente dichas: Oposición inadecuada ya que no podemos obviar el carácter de por sí educativo que podemos dar a todas las actividades. Los docentes deben considerar que la construcción de códigos compartidos y el transcurrir de este período de iniciación se podrán llevar a cabo más adecuadamente si se dan alrededor de ejes temáticos, articuladores de las propuestas: importancia de planificar actividades con contenidos significativos: la integración del niño a la institución y al grupo, se da fundamentalmente a partir de la tarea, en una situación de aprendizaje. El sistema de códigos compartidos no se establece en el vacío, sino interactuando con el otro en función de una tarea.

Los docentes y la institución también tienen un Período de Iniciación:

·     Quien organizan el Período de Iniciación no es el que llega o viene, sino el que está.

·     Se trabaja con el tiempo y no contra el tiempo.

·     Mitos:

el docente al que los chicos “se” le adaptan más rápido es mejor docente

los chicos recién empiezan a aprender una vez pasado el Período de Iniciación – por lo que es necesario que éste termine a fecha fija).

·     Los docentes manifiestan muchas veces (o perciben y sienten, sin manifestarlo) que el Período de Iniciación es una etapa que debe pasarse y soportarse; no, gozarse y disfrutarse (viajar a un lugar nuevo y desconocido también genera ansiedad, pero ésta es de signo positivo, a diferencia de la que se produce durante el Período de Iniciación).

·     Aspectos vinculares: establecimiento de un buen vínculo docente-alumno, docente-padres, etc. Aunque muchas veces se pone el acento sólo en ello, no es suficiente.

·     Aspectos temporales y espaciales: evitar sensaciones de incertidumbre e inseguridad, producir un proceso de pertenencia institucional en alumnos y docentes.

·     Aspectos referidos a características e historias personales, de alumnos y docentes: más difíciles de controlar, manejar y modificar.

·     A veces hay una sensación de impotencia en nosotros en tanto docentes, (engloba miedos, agresiones e inseguridad). Compartirlas, puede hacerlas más manejables. Se necesitan espacios donde compartirlas y elaborarlas conjuntamente. No elimina la posibilidad de que se presente una situación temida, pero permite mayor dominio sobre la sensación de impotencia.

·     A veces emerge una sensación de omnipotencia, igualmente nefasta, originada en la persistencia, en muchos casos, del trabajo solitario, omnipotente y omnisapiente, donde mostrar algún tipo de dificultad implica un ataque al profesionalismo. Parecería que “el mandato”, mito o supuesto dice que un profesional educador es aquel que no tiene problemas.

·     Es necesario comprender que las dificultades forman parte del proceso y no vivirlas como un obstáculo. Lo más importante es “darnos y darles a todos tiempo”.

Es por todo lo anterior que sostenemos que el período de iniciación hace referencia al lapso, más o menos prolongado, en el transcurso del cual el niño, los docentes y el grupo familiar construyen y adquieren un sistema de códigos compartidos, base para los sucesivos procesos pedagógicos.



Es interesante este texto desde el punto de vista que hace hincapié a fundamentación del nombre del período: “proceso de adaptación”. Indicando que es un “proceso” ya que se espera un proceso madurativo y un proceso social, y “adaptación” porque se consideran aquellas cosas que el niño realiza cuando se adapta, como por ejemplo, decir el nombre, hacer la fila, entre otras, y las acciones que realiza cuando no se adapta, tales como: llorar antes de ingresar, querer irse con la madre, etc.

Otro planteo que realiza este autor dentro de este texto es la idea de construcción de códigos que compartan la familia y la escuela. Entre otros, uno de estos códigos es la forma de hablar con los niños; la forma de accionar, esto se relaciona con la situación para narrar que yo elegí ya que en un momento la abuela de la nena que se estaba adaptando le pega y yo le explico a la abuela que eso en la escuela no se hace y que no lo vuelva a repetir, en ese momento se tendría que haber construido un código entre el accionar en la familia y el accionar dentro de la escuela.

Es un período de gran importancia debido a que es el momento donde se construyen los códigos con las familias, donde los niños van incorporando las formas de actuar dentro de esta institución; y con ello, se puedan generar sucesivos procesos pedagógicos.    









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